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Catástrofe en el Jiloca (2)

RODOLFO LACAL | Nuestro amigo el reportero de El Imparcial nos contaba en la entrega anterior que partiría de madrugada en tren desde Calatayud hacia Daroca. Veamos lo que nos cuenta ya desde esa última localidad:

    POR TELEGRAFO

    De Calatayud a Daroca,- Campos inundados.- Ocho kilómetros a pie.- Estado de la vía.- En Daroca.

    Daroca 24 (9 mañana)

    Apenas llegué a Calatayud, procuré enterarme de la forma en que podía hacer el viaje de un modo rápido hasta el sitio en que ha ocurrido la catástrofe, por la dificultad de que el tren llegara hasta algún lugar próximo.

    Además, y para no perder tiempo, procuré tener dispuesto un coche, para en último caso dirigirme a dicho punto por la carretera.

    Según informes que adquirí, se había conseguido que el tren llegase hasta Daroca, de modo que desde aquí, en coche, podía trasladarme en pocas horas al lugar del siniestro.

    Efectivamente, a las cuatro de la madrugada salió el tren de Calatayud y desde él, y a la indecisa luz del alba, vióse a ambis lados de la vía una inmensa extensión de la vega del Giloca cubierta por las aguas, destacándose de trecho en trecho algunos islotes de tierra con plantaciones.

    Por las vertientes de los desmontes caían con gran estrépito, y formando cascadas, numerosos brazos de agua cenagosa.

    En aquellos sitios, cubiertos por las aguas casi en su totalidad, no es posible distinguir cuál es el cauce del río, ni cuáles los terrenos anegados por la inundación.

    A todo esto el ruido que se oye en aquellos lugares por la caída de las aguas es ensordecedor.

    El tren continuó avanzando hasta llegar a la estación de Murero, donde nos dijeron que ya era imposible que el convoy pasara de allí.

    Los periodistas de Zaragoza y Madrid, que íbamos en el tren, abandonamos éste y emprendimos la caminata por la vía a pie y con mil fatigas, teniendo que ir saltando de traviesa en traviesa, cubiertas de balaste, recorriendo así ocho kilómetros, para llegar a las siete y cuarto a la estación de Daroca.

    Desde la estación hasta el pueblo, una distancia de dos kilómetros, nos trasladamos andando todos los que componían el elemento oficial y los periodistas.

    También iba un niño conducido en una carretilla mecánica.

    En el trayecto desde Murero a Daroca, vimos que la vía se hallaba casi al aire en unos puntos y en otros enterrada, pues por ambos lados se habían hundido los terraplenes.

    También faltan las cunetas a ambos lados de la vía, lo cual explica suficientemente el estancamiento de las aguas y los grandes daños que éstas han causado.

    Un superviviente de la catástrofe.- Relato del siniestro

    Al llegar a Daroca, mi primer cuidado fue enterarme de si había en la población algún individuo que se hubiera hallado en la catástrofe, y en efecto, la casualidad me hizo encontrar a un superviviente del siniestro, un sujeto llamado Manuel Dominguez Díaz, viajante, que venía de Valencia.

    El Sr. Dominguez Díaz no me ha sabido decir cómo ocurrió la catástrofe. Solo recuerda que al salir de una estación inmediata al lugar del siniestro, despertó, pues iba dormido, y oyó decir a un empleado:

    - Tened cuidado, que el Navarrete trae riadas.

    El tren prosiguió en marcha y fue tomando velocidad. Poco después se oyeron dos terribles chasquidos, y los vagones experimentaron un brutal bailoteo. A los pocos segundos lució instantáneamente una gran llamarada. Llovía y granizaba con furia. Mi interlocutor se arrojó del vagón seguido de otros viajeros. " Luego -continuó diciéndome- me encontré en medio de la oscuridad de la noche y de la tormenta... Era de todo punto imposible saber lo que sucedía... ". Poco a poco fueron uniéndose a los primeros otros viajeros, unos ilesos, otros levemente lesionados. El incendio, que había adquirido gran incremento, atrajo hacia aquellos lugares a la gente, que se hallaba en una paridera cercana y a la Guardia civil, todos los cuales principiaron a auxiliar a los heridos, trasladándolos a la paridera.

    El suceso ocurrió a las nueve y cuarenta de la noche, y hasta las nueve y media de la mañana no fueron curados los heridos, pues aunque llegó un médico de un pueblo cercano no llevaba instrumental

    . Ayer fueron trasladados a Calamocha los heridos graves, y ayer también principiaron a sacar los muertos de las aguas.

    El tren.- Cómo cayó en el río

    El tren lo formaban la máquina, el ténder, el coche-correo, en que había primera y segunda en un solo vagón, después un coche de tercera y luego el furgón.

    Todo cayó sobre la máquina, excepto el coche de tercera, que quedó sujeto por los carriles que se habían levantado por el peso del convoy.

    Tres desaparecidos.- Muertos y heridos

    En el coche de tercera iban unas dieciocho personas, de las cuales solo tres han desaparecido, ignorándose si huyeron aterradas o si murieron.

    Eran una mujer y dos hombres.

    Mi interlocutor, Sr. Dominguez Díaz, calcula en doce el número de muertos y en catorce o dieciséis el de heridos.

    Seis de los heridos han venido a Daroca, recorriendo a pie los catorce kilómetros.

    Según me dicen el maquinista se salvó, apareciendo sobre el puente, sin que nadie se explique como él estaba allí y el tren en el agua.

    La causa de la catástrofe

    Se atribuye a que las aguas, no teniendo medio de salir por los ojos del puente, fueron estancándose y batiendo el cimiento. Al paso del tren se hundió el primer trozo del puente, cayendo a plomo.

El principio del relato me ha recordado por algunos momentos algo habitual en el periodismo: cuando el periodista se convierte en el centro de la noticia. Todo ese relato de sus peripecias para llegar a Daroca sobran. Y más si se tiene en cuenta que encontró, gracias al superviviente que entrevistó en Daroca, suficiente información para hablar del siniestro. ¡Menos mal, por otro lado, que el superviviente poco sabía de lo ocurrido! No sé qué más detalle esperaba nuestro redactor, ¿que el Sr. Domínguez se hubiera tirado al agua a contar los muertos o qué?

Esta crónica la remitió nuestro relator por telégrafo desde Daroca a las nueve de la mañana del día 24, cuando todavía no había acudido al lugar de los sucesos. Por la noche, también desde Daroca, remitió otra, pero eso ya formará parte del tercer capítulo de esta entrega.

Bubierca (19-10-2012)

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