La Comarca de Calatayud
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DEMOGRAFÍA HISTÓRICA DE CALATAYUD. EL CASO DE LA PARROQUIA
DE  SAN JUAN DE VALLUPIÉ: SIGLO XVII


Introducción

Aragón no escapará a la crisis general que caracteriza al siglo XVII. En el terreno político Felipe II de Aragón inaugurará el régimen de los validos; con estos crece el autoritarismo de la monarquía, que para Aragón supuso la imposición forzosa de patrones administrativos e institucionales importados de Castilla; por otra parte, los gastos enormes de la monarquía drenaron la economía aragonesa a través de impuestos extraordinarios que agravaron los tradicionales.

Por otro lado en 1610 se produce también en Aragón la expulsión de los moriscos que provocaría la pérdida del 20% de la población del reino, la ruina en la agricultura, la de los rentistas censales...

La subida al trono de Felipe IV y de su valido, el conde duque de Olivares (1622) empeorará la situación económica del reino como consecuencia de la puesta en marcha de la llamada Unión de Armas, en la que Aragón aportaría 10.000 hombres con cargo a su hacienda privativa. En 1626 el rey se trasladó a las Cortes de Barbastro para jurar los fueros y conseguir estos servicios, pero se encontró con las dudas y negativas de los aragoneses.

Aragón se varía inmersa en la guerra de Secesión catalana, en la que se mantendría al lado de la corona española, ayudándola con hombres y dinero. El balance final de este conflicto fue sumamente perjudicial para el reino aragonés, que tardó años en reponerse.

El desánimo aragonés se manifiesta por ejemplo en la revuelta secundada por el duque de Míjar, que deseaba crear un reino aragonés con excelentes garantías de autonomía.

A la muerte de Felipe IV en 1665 comenzará la regencia de Mariana de Austria, influenciada por su confesor, el jesuita Nithard. A ambos se opuso Juan José de Austria, hijo de Felipe IV, quien contará con el apoyo de Aragón. Los aragoneses vieron al que fuera luego virrey de su reino (1669-1675) como la salida a los problemas políticos y sociales. Pensaron que sería una buena alternativa al centralismo que desde la Corte se ejercía sobre los reinos periféricos.

En 1675 Carlos II subía al trono con la mayoría de edad. A final de siglo la Corona seguía inmersa en numerosos y novedosos conflictos. Ahora era contra Francia (1689-1697), en una pugna en la que Aragón contribuiría con un gran contingente de hombres, además de refuerzos y la  organización de la defensa del reino ante las conquistas de Urgel (1693), Gerona (1694), Barcelona y Vich (1697).

Pese a todo el reino aragonés sucumbiría en sus ansias autonomistas, y tras la guerra por el vacío de poder al morir Carlos II sin sucesión, pasó a formar parte de la monarquía española, de índole borbónica en este caso. Su integración en esta institución monárquica llevará a la desaparición del plano político del reino aragonés.

Demografía

A principios del siglo XVII el reino de Aragón está empobrecido demográficamente teniendo una densidad de unos 85 habitantes por kilómetro cuadrado, frente a los 185 que posee Castilla. La pobreza demográfica de Aragón respecto a Castilla es palpable, y es esto un solo indicio de lo que este siglo supondrá para la demografía aragonesa.

 La Comunidad de Calatayud a principios de dicha centuria estaba formada por  un total de 52 pueblos distribuidos de la siguiente manera:
- la sesma del Xiloca contaba con 6 pueblos.
- la de Miedes con 12.
- la de La Cañada, 8 pueblos.
- la de Verdejo, 8.
- la del Xalón, 7 pueblos; y,
- la de Ibdes, 11 pueblos.

Las ciudades más importantes eran Calatayud (con unos 5.000 habitantes), siguiéndole Ateca, Aniñón, Villarroya de la Sierra, etc... localidades que no sobrepasarían de unos 200 vecinos .

Martínez del Villar señala que la crisis cerealista experimentada en el reino de Castilla entre los años 1595-1597 no afecta a Aragón. Vemos que en nuestras gráficas ello coincide debido a que el número de muertos en este bienio desciende dentro de los márgenes razonables.

Los matrimonios experimentan entonces un alza, cuya cumbre es 1596; con los bautizos ocurre idénticamente igual, experimentan su punto álgido en 1596, alcanzándose nada menos que 24 matrimonios sólo ese año.

José María Sánchez Molledo señala para la localidad de Malanquilla, cercana a Calatayud, el año 1606 como el primero de los exponentes de la crisis del siglo XVII. Así, en Calatayud del mismo modo encontramos para ese instante un incremento en el número de muertos, que casi alcanzan los 40; un decrecimiento de matrimonios y también de bautizos para ese año de 1606. Podemos llegar a la conclusión de afirmar que es este año, en Calatayud, indicio de lo que iba a ser la tónica general del siglo XVII, una etapa marcada por la crisis a todos los niveles.

Señala Vicente de la Fuente para principio del siglo XVII decadencia en la industria, las artes, la enseñanza, ... en el conjunto de España. Calatayud no es menos, y también sufre estos males, que como es normal, tienen su reflejo en la demografía .

Llega el fatídico año de 1610, momento en que desde el poder real se decreta la expulsión de todos los moriscos de la monarquía española. El hecho afecta considerablemente al reino aragonés. Para este marco geográfico Ignacio de Asso señala la expulsión de unos 64.000 moriscos.

Otros autores  señalan que se perdió el 15% de los habitantes del reino. Pese a ello el número de bautizos en nuestras gráficas para 1610 llega a una de sus más altas cotas, alcanzando los 70. Mientras, el número de matrimonios a partir de esta fecha decrece durante los siguientes cinco años.

Según se lee en La Fuente , la expulsión de 1610 no afecta ni a Calatayud ni a su Comunidad. Solamente dice que se vieron afectados por ello las rentas de la iglesia del Sepulcro, ya que tenía a su recaudo moriscos en Tobed, Codos y Torralba de los Frailes.

Lo cierto es que en Calatayud la población morisca a las alturas de 1610 estaba compuesta por más de 80 fuegos. Cierto es que estaba superada por otras como Brea (433 fuegos moriscos), Almonacid de la Sierra (319), o Cadrete (204), localidades que gozaban con menos habitantes que Calatayud aunque apreciamos en ellas un alto porcentaje morisco .
 

Las malas cosechas que señala Salas Ausens  para 1614 afectan seguramente a la comarca bilbilitana, debido al incremento brusco de muertos para el siguiente año, el descenso de  matrimonios y el de bautizos en esa época.

Hasta este momento, el número de bautizos desde los últimos años del siglo XVI, han ido incrementándose poco a poco dentro de unas fluctuaciones que oscilan entre los 40 y los 60 nacimientos por año.

En lo que a matrimonios concierne, se aprecia a simple vista que hasta 1615 el siglo comienza establemente, aunque debemos denotar el auge experimentado hacia 1596. El número de enlaces oscila entre los 10 y los 20 anuales, a grandes rasgos.

Respecto a la mortandad, también desde los últimos años del XVI hasta 1615, hay sólo una cota alta con casi 40 muertos en 1606. Por lo demás, las muertes oscilan entre los 12 y los 30 muertos por año excepto en este 1615 en que se llega a los 60. Ello provoca una seria grieta en la gráfica de crecimiento vegetativo de este siglo.

Este incremento brusco de la mortandad lo asociamos a la terrible sequía que afectó de manera especial a la Comunidad de Calatayud durante 1614 y 1615, y que provocó una devastadora crisis agrícola con las consecuencias que apreciamos a simple vista.

 Señala Ignacio de Asso  el año 1620 como uno de los más calamitosos del siglo XVII. En nuestras tablas apreciamos que dicho año no afecta a la mortandad, aunque sí vemos un decrecimiento brusco del número de enlaces matrimoniales durante los primeros pasos de la década de los 20. La media que resulta de la primera quincena de siglo es de 108 matrimonios por año, mientras que en estos años iniciales de la tercera década del XVII hay sólo 4 y tres enlaces para 1620 y 1621 respectivamente. Hasta principios de los años treinta no se repiten cifras tan bajas.

El número de bautizos decrece pero no tan bruscamente durante estos primeros años debido sin duda al bajón experimentado en el número de matrimonios, los cuales no recuperan su normal estabilidad hasta la segunda mitad de la década de 1620, para volver a experimentar en 1630 un decaimiento igual al experimentado 10 años antes, como ya hemos comentado. Decrecimiento matrimonial este, que tiene sus consecuencias lógicas a mediados de la misma década de los 30, años en los que poco a poco, aunque con fluctuaciones que llegan a los 15 nacimientos, va experimentándose una bajada en el número de bautizos para ir recuperándose hasta casi mediados de siglo.

El primer tercio de siglo se salda con una media de 538 nacimientos por año. Poco menos, como veremos, de lo que será la media para la primera mitad de centuria.

El 24 de diciembre de 1625 se convocaron Cortes de Aragón que se empezarían a celebrar en 1626 en la localidad de Barbastro. En ellas se
propone la <<Unión de Armas>> que ideara el Conde-duque de Olivares. Se pide al reino la contribución con 3.333 hombres. El reino mostró una total oposición a tal cifra, mostrando la imposibilidad de tal empresa. A cambio, ofreció una cantidad en moneda pagadera a diez años.

El rey mostró su negativa a este negocio y nombra al conde de Monterrey presidente de las Cortes, que se prorrogan el 21 de marzo para ser trasladadas a Calatayud, donde terminarán el 24 de julio de 1626.

En estas Cortes se decretó servicio extraordinario de 144.000 libras por espacio de 15 años . El brazo de Universidades alegó que la crisis de la industria textil y la expulsión de los moriscos había disminuido los recursos de éstas . Quizá, pues sí afectase la expulsión de 1610 a Calatayud, aspecto que, hemos visto negaba Vicente de la Fuente.

Salas Auséns señala entre los años 1629-33 un desarrollo de la peste en Rosellón, Cerdaña, Ampurdán y costa catalana que debió afectar a Barbastro y posiblemente a Calatayud. El indicio que apunta a tal posibilidad es el hecho de que en esta época decrece el número de bautizos, también el de matrimonios, y aumenta considerablemente el índice de mortandad.

Confirma esta tesis la balanza demográfica confeccionada por Sánchez Molledo  para la localidad de Malanquilla durante el siglo XVII. En ella apreciamos un crecimiento vegetativo entre 1629-33 que llega incluso a índices negativos. También se alcanzan en Calatayud valores negativos en el crecimiento vegetativo durante este lustro.

La década de los 40 significa en lo referente a bautizos cierto incremento general, dando una media anual de 53 por año. En lo que respecta a matrimonios durante esos diez años, se celebran más de 140 enlaces, con una media anual de 142; y el valor de la mortandad también se mantiene hasta mediados del XVII, dando una media anual de 256 muertos.
 
 

El saldo de esta primera mitad de siglo, desde 1600 a 1650, es el que sigue:

- Bautizos: un total de 2.709, que dan una media anual de 5418.
- Matrimonios: un total de 795, cuyo promedio es de 159.
- Defunciones: un total de 1.185 defunciones, cuya media anual es de 237.
 

 Para mediados del XVII Asso da a Calatayud la cifra de 1.060 vecinos. Otro autor, Ortega, apunta para ese mismo momento la cifra de 6.000 habitantes .
 
 

La peste de mediados del XVII  afecta considerablemente a Calatayud. En el primer lustro de la década de los 50 hay un incremento notable del número de muertos, y un decrecimiento de los matrimonios, aunque los bautizos den un promedio en esta década de 613 anuales. Pese a todo no se llegan a alcanzar balances negativos en el crecimiento demográfico.

Esta peste se desarrolla desde 1648-54 y acaba con la vida de 6.000 personas en Zaragoza, aunque también se desarrolla en varios lugares del reino.

Rubio Semper  señala para la segunda mitad del XVII que entre la primera investiga (realizada con anterioridad a 1621) y el censo de 1646 hay una disminución de un 7% aproximadamente en la población de la Comunidad de Calatayud.

Según nuestros datos hay entre 1600 y 1621 un saldo vegetativo mucho más favorable que desde 1621 hasta otros 21 años más (1642) . Confirmamos para la ciudad de Calatayud el decrecimiento que señaló en su día Rubio Semper para su Comunidad.

 Luego señala que la segunda investiga (realizada hacia 1654) supone un tímido aumento de la población, hasta llegar al último cuarto del siglo XVII en el que hay un descenso del 14%, decadencia demográfica en la Comunidad de Calatayud que coincide con el debilitamiento cultural, social y económico de la capital de tal comunidad. Así, durante este último tercio de siglo se llega incluso a experimentar un año de asombroso crecimiento vegetativo de índole negativa, en 1684, con un saldo desfavorable de 29 puntos.

La explicación a este descalabro demográfico la encontramos en la crisis que la ya citada Comunidad de Calatayud padece entre 1683 y 1684, en la que la peste se une a las pésimas cosechas para acabar dando tan lesivo fruto.

La recuperación demográfica fue inmediata, y ya en 1686 se estabilizaba el balance entre nacimientos y defunciones. Así, el índice vegetativo en aquel año vuelve a superar los cuarenta puntos.

Lo paradójico es que tan sólo un lustro después de acontecerse esta crisis se experimenta en la parroquia que sometemos a estudio el menor de los índices de mortalidad de toda la centuria. De este modo, en 1690 sólo se celebran 10 sepelios.

A su vez, la tasa de natalidad se mantiene estable en una cifra considerable, aunque la cifra de enlaces matrimoniales decrece hasta llegar por debajo de los diez durante este año.

El fin de siglo prepara el camino de lo que será la centuria siguiente. El número de matrimonios, si exceptuamos el puntual caso de 1694, se mantiene nivelado entre lo diez y los veinte vínculos anuales, lo que posibilitará el establecimiento de una equilibrada natalidad durante los primeros años del XVIII.

Desde 1650 a 1700 hay un aumento de bautizos respecto a la primera mitad de siglo: encontramos un total de 2.985, 585 por año, a diferencia de los 2.709 de la primera mitad. También hay incremento en la mortandad, aunque muy ligero: de los 1.181 muertos de la primera mitad de siglo hay en la segunda de ellas 1291. En otras palabras, de los 237 difuntos por año como media en la primera fase, encontramos en la segunda pocos más, 245 anuales.

De este modo tenemos para el siglo XVII más de 5.600 bautizos, a la vez que casi 2.500 muertes.

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