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Calcena: caminata de luz en
la cara oculta del Moncayo


Mariano Miguel alcalde de Calcena, junto a la imagen de Luisito

A Mariano Miguel, alcalde de Calcena, le gusta andar y correr. Un reciente quebranto de salud le obliga a tomárselo con más calma, pero su energía sigue intacta en lo referente a las generación de ideas y el modo de materializarlas. De una resaca festiva entre amigos nació hace casi veinte años la Calcenada, carrera montés popular que une numerosos pueblos por las laderas de Moncayo cada verano, y que tiene réplica otoñal en distancias más modestas.

La idea ha renovado la visibilidad mediática de un pueblo que superó procesos migratorios masivos en diversas fases del siglo XX: hace cien años, por ejemplo, una carta de todos los habitantes de Calcena al rey Alfonso XII solicitaba una emigración en masa con América como destino, a lo que se negó el monarca, aunque muchos acabaron yéndose. En los 40 y 50 muchos se fueron de carboneros a distintos puntos de España con carrasca hábil para la transformación en carbón vegetal: se quedaron apenas medio centenar de personas. Hoy, Calcena se mantiene vivo como municipio gracias al impulso de la voluntad popular, pero el último día de Navidad apenas hubo diez personas pernoctando allá.

A Mariano no le gustan los tópicos semánticos, sobre todo si vienen de personas que no han vivido la situación a la que aluden. El ejemplo es la tan mentada despoblación. "A ver, hay cosas obvias, queremos que el pueblo no muera. Llevamos muchos años trabajando para mejorar las cosas, en mi caso más de cuarenta… y que me hablen de despoblación es como coger agua con las manos. Un pueblo es lo que es, los que lo llevamos dentro somos cuatro, algunos vienen y les gusta un tiempo, pero luego quieren las comodidades que un pueblo pequeño no puede dar. A no ser que tengas una ciudad cerca, no es fácil. Aquí pasamos lista los martes cuando traen el pan, y si falta alguno vamos a su casa a ver si está bien. Illueca, a 25 kilómetros, tiene el centro de salud más cercano".

'¿A que sí? ¿A que no?'

En Calcena hay una docena larga de peñas en fiestas, y se hace la ruta; el peñista que te invita paga por ti, y luego se devuelven las cortesías. En ese trayecto se alargan las sobremesas y abundan las tormentas de ideas geniales. Mariano hizo su aporte un año, con el tema andariego como argumento. "En ambas entradas del pueblo hay más bodegas que casas abiertas. Ese año, entre vinos buenísimos, se habló de rehabilitar bodegas y ermitas, arreglar un puente medieval que tenemos y acondicionar zona de baños... un poco de todo. Yo dije que mi abuelo vino desde el Somport a Calcena andando, y que quizá podíamos ir a Zaragoza el día de la Ofrenda a pie. No les hizo mucha gracia. Entonces propuse hacerlo desde Zaragoza con final en Calcena, y eso sí que cayó bien".

La proto-Calcenada llegó en 2002 y constó de 102 kilómetros, vía Épila. "Salimos trece -recuerda Miguel- y llegamos diez. Al día siguiente una cuadrilla de bicis también lo hizo, y del santuario de Rodanas partió otro grupo para hacer los últimos 44 kilómetros. Íbamos con el avituallamiento de furgonetas de amigos. Nadie se lo creía cuando llegamos: ojo, que tardaron en creérselo".

La segunda vez se pensó en cambiar de itinerario, y hacer algo más ordenado. "Para ahorrar costes pensamos en hacerlo circular alrededor del Moncayo, pero salían 190 kilómetros. Al final armamos recorridos de 104, 60 y 40, coincidentes con el inicio de las fiestas mayores. Luego pensamos añadir otra Calcenada en otoño con distancias de 26 y 32 kilómetros. Este año hemos tenido casi 800 inscritos y cuatro pruebas, una circular de 16 kilómetros entrando por Valdeplata, otra de 26 muy dura, por el monte de la Tonda, otra de 64 y otra de 104, las dos últimas a pie y en BTT. También hubo once jinetes que completaron la carrera".

Luisito

La salida de la carrera la marca una imagen a tamaño real, bautizada como Luisito en honor a Luis Miguel Sebastián, amigo de Miguel. "Le hicimos una foto en Ambel -dice el alcalde, riendo- y el cartel se basa en esa imagen, con su papada y su mochila idénticas. Es un símbolo de la carrera y también hace de referencia para los senderistas que nos visitan. Somos la cara oculta del Moncayo: la frase se la inventó un amigo estando interno en el hospital, cuando fuimos a visitarle un grupo del pueblo, y se ha convertido en un eslogan poderoso. Tendríamos que haberlo registrado, pero valía 20.000 pesetas entonces y no nos sobraban los fondos".

El avituallamiento más deseado es el de cerveza y limonada a cinco kilómetros de la meta. "Suele haber un calor extremo, así que consultamos con una nutricionista y nos dijo que un trago de cerveza era un recuperador natural en la parte final de la carrera, con un efecto similar al que tiene el plátano para los tenistas, por ejemplo. Hay quien nos ha llamado locos, pero no es una medida arbitraria".

La Colegiata de Nuestra Señora de los Reyes fue residencia del obispo de Tarazona

El imponente edificio está en la parte más alta de una población totalmente dispuesta en pendiente, con una formación urbanística que parece seguir círculos concéntricos. Posee una gran mole, coronada por cúpula, y torre de cerámica a modo de chapitel semiesférico. Reemplazó a otro templo de origen románico que conserva la portada del lado sur, uno de los pocos ejemplos del románico al sur del Ebro. Su planta de salón formada por tres naves de igual altura y cubierta mediante bóvedas estrelladas, es una evolución de los modelos góticos precedentes, pero se aprecian elementos procedentes del renacimiento italiano, tanto estructurales como decorativos, cuyo modelo aragonés por antonomasia es la Lonja de Zaragoza.

El interior guarda obras de gran calidad artística, ya que fue residencia de los obispos de Tarazona. Obras meritorias son el retablo de San Juan Bautista, del célebre Jerónimo Cosida y el retablo mayor, obra del escultor turiasonense Miguel Ginesta. En el subsuelo, bajo el coro, hay una cripta con más de cien momias procedentes de la peste de 1653.

Historias, leyendas, reflexiones y juegos de los días sin escuela en 'El Eco del Isuela'

'El Eco del Isuela' se editó por primera vez en 1992 y ha vuelto a coger vuelo gracias a internet; sirvió durante años como compendio de información del pueblo, amén de reducto de reflexión y vehículo para el rescate de tradiciones e historias gracias a colaboradores afines a Calcena. Una de las historias más populares tiene que ver con la ilusión infantil de los cuatro días anuales en que se cerraban las escuelas, detallado por un texto de Antonio Tormes. Así, el Día del Palmo se llevaba para merienda un palmo de chorizo. El Día de la Culeca, un panete dulce con dos huevos cocidos encima de la masa, el Día del Queso un queso y en Santa Lucía algo especial. Salíamos de casa -reza el texto- con nuestros talegos de trapo para guardar nuestra merienda o algún frasco de vino. Alegres y contentos, en cuadrillas, más o menos numerosas marchábamos hacia el campo. El Día del Palmo, lo tradicional era ir por la Fuente de la Ojosa y Cueva de la Bolinchera. Allí mientras dábamos buena cuenta de nuestros talegos, se contaban cuentos y chistes. Luego dábamos rienda suelta a nuestros juegos, especiales para estas ocasiones, como 'cazadores y conejos' o 'civiles y ladrones'.

LOS IMPRESCINDIBLES

Las minas de plata
Abiertas hasta el siglo XX, las primeras referencias datan de la época romana, puesto que las legiones del César se beneficiaban de la plata arandina. El barranco de Valdeplata (imagen) sigue siendo muy visitado por los curiosos.

Los carboneros
En Calcena se trabajaba en el carbón por temporadas: cinco o seis meses de éxodo al año, con jornadas kilométricas de trabajo que compensaban por la buena paga. Los especialistas locales eran tan buenos que se los rifaban fuera.

Procedencia del nombre
Siempre se atribuyó al latín 'Calicis coenae', cáliz de la cena, pero también puede venir del término galena, mineral propio de la zona. Por otra parte, y dada la naturaleza del terreno, no se descarta 'Cal-ellicena' o tierra de carrascas.



El Periódico de Aragón (1-9-2017)

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