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Calatayud, Carlos I y el defecto físico
que le acomplejaba


Retrato del Emperador Carlos V en 1533
(Museo Thyssen-Bornemisza)

HERALDO | Carlos I de España y V de Alemania poseía una mandíbula inferior descomunal. Tanto, que no podía mantener la boca cerrada. Cuentan que en una visita a Calatayud, un caballero no pudo por menos que acercarse al monarca y decirle: "Mi señor, cerrad la boca, que las moscas de este reino son traviesas". Así lo ha recogido este jueves el Twitter de Imperio Español (@Imperio_e).

El prognatismo es una deformación de la mandíbula, bien en la parte superior o en la inferior, por la que sobresale del plano vertical de la cara. Esta desalineación entre el maxilar y la mandíbula impide el correcto encaje de la boca al cerrarla y causa dificultad para hablar, morder y masticar. Hoy en día, el prognatismo se soluciona con una cirugía o mediante la ortodoncia. Pero entonces ni los reyes podían poner fin a este problema. Entre los Habsburgo, miembros de la Casa de los Austria, estaba extendida esta afección debido a la endogamia que existía en la casa real.

Cuando el emperador Carlos V tenía 25 años, el embajador veneciano Gaspar Contarini lo describió de la siguiente forma: "Tiene los ojos ávidos, el aspecto grave, pero no cruel ni severo; ni en él otra parte del cuerpo se puede inculpar, excepto el mentón y también toda su faz interior, la cual es tan ancha y tan larga, que no parece natural de aquel cuerpo; pero parece postiza, donde ocurre que no puede, cerrando la boca, unir los dientes inferiores con los superiores; pero los separa un espacio del grosor de un diente, donde en el hablar, máxime en el acabar de la cláusula, balbucea alguna palabra, la cual por eso no se entiende muy bien".

La marca de la casa real la heredaron sus descendientes. Así, Carlos II presentaba prognatismo como su padre, su abuelo, su bisabuelo, su tatarabuelo...

Heraldo de Aragón (10-5-2018)


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