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Pedro Tejero Rodríguez 'El de Sabiñán'

FRANCISCO TOBAJAS GALLEGO | El Diario de Avisos de Zaragoza publicaba que el 25 de diciembre de 1875 se había logrado apresar al bandido Pedro Tejero, conocido con el apodo de "El de Sabiñán". Pedro Tejero llevaba mucho tiempo al frente de una partida de ladrones, responsables de varios robos en la comarca de Calatayud. Desde hacía tres meses y gracias a los esfuerzos del Juzgado de Primera Instancia, la Guardia Civil había conseguido apresar a veinte componentes de esta partida. Sólo faltaba su jefe. Pedro Tejero fue sorprendido a altas horas de la noche cuando dormía en una cueva de Huérmeda. Según la información de este periódico, era de edad regular y muy dispuesto. A pesar de su escasa instrucción, tenía mucho ingenio para organizar y ejecutar los crímenes a los que se dedicaba, especialmente en la falsificación de firmas.

De esta causa sobre Pedro Tejero se ocupaban el juez de Primera Instancia interino, señor Lausín, y el promotor fiscal. El redactor del periódico informaba que otras partidas de rateros seguían actuando en las proximidades de Ateca y Daroca, aprovechando que muchos números de la Guardia Civil no habían regresado a sus puestos, a causa de la contienda política.

A los pocos días de la captura de Pedro Tejero, "El de Sabiñán", el juez de Primera Instancia de Ateca y su partido, Joaquín Ariza y Cabeza, publicaba una requisitoria en el Boletín Oficial de la Provincia de Zaragoza, el 6 de enero de 1876. "Por la presente requisitoria se cita, llama y emplaza a Pedro Tejero y Rodríguez, vecino de Sabiñán, a fin de que dentro del término de 30 días se persone a este Juzgado o sus cárceles nacionales", sobre una "causa que en unión de otros se le sigue sobre robo y tentativas de otro". La descoordinación judicial salta a la vista, pues el juez no se había enterado aún de la captura de Pedro Tejero casi quince días después.

Pedro Tejero Rodríguez había nacido en Saviñán el 29 de abril de 1848. Era hijo de Eugenio Tejero López (1801), de Saviñán, y de Magdalena Rodríguez Embid, de Viver de la Sierra, que habían casado en Saviñán en 1824. Sus abuelos paternos se llamaron Miguel Tejero Aznar, hijo de Antonio y de Isabel, naturales de Embid de Santos, y María López Díez, quienes habían casado en Saviñán en 1789. Por entonces no vivían otros Tejero en Saviñán. Eugenio Tejero y Magdalena Rodríguez fueron padres de diez hijos, bautizados en la parroquia de San Pedro de Saviñán. Magdalena, 1826, Mª Pilar, 1828, Andresa, 1830, Miguel, 1832, Pascual, 1835, Casimiro, 1840, Felipe, 1842, Ventura, 1844, Pedro, 1848, y Félix, 1850.

El 7 de junio de 1873 casaban en Saviñán Pedro Tejero Rodríguez y Pascuala Miñana Zuara, actuando de testigos Vicente Algarate y Roque Arévalo, sacristanes. No hemos encontrado hijos de Pedro Tejero que fueran bautizados en Saviñán.

Los viajeros que recorrían España durante la Tercera Guerra Carlista (1872-1876), eran testigos de frecuentes transportes de presos, en su mayoría políticos, como eran los carlistas, que miembros de la Guardia Civil caminera realizaba por los caminos. El viajero Rose (1875) mencionaba que la Guardia Civil conducía a Cuba a estos numerosos presos políticos, que iba produciendo la guerra carlista. Con ello se quitaba de en medio a un buen número de elementos subversivos, que eran utilizados como fuerzas de choque en la lucha contra el movimiento independentista cubano.

Hugh James Rose, en Among the spanish people (1877), escribía que el traslado al norte del país de la Guardia Civil, había dejado el centro y el sur de España desprotegido, sufriendo un fuerte incremento de la delincuencia. Los viajeros constatarán que los bandoleros eran, en su mayoría, partidas de carlistas no arrepentidos, que se habían lanzado al monte a vivir de la delincuencia.

El 11 de enero de 1870 en La Esperanza, aparecía una lista de suscriptores que enviaban sus donativos para los carlistas perseguidos. Entre ellos aparece D.M.S.C, de Saviñán, que enviaba cinco reales. En el mismo periódico con fecha de 27 de enero de 1870, Roque Gasca, que se consideraba carlista decidido hasta morir, enviaba cinco reales. Y el mismo Roque Gasca, en el número de 17 de febrero de 1870, aportaba tres reales.

La Iberia informaba el 6 de diciembre de 1872, que el día anterior se había levantado una numerosa partida de carlistas, compuesta por trescientos hombres, que habían destrozado la línea del ferrocarril, por lo que no había podido llegar a Madrid el correo. Informaba que esta partida se dirigía a la sierra de Pardos, para reunirse con otra. Al día siguiente La Iberia publicaba que se le iban a agregar a esta partida carlista otras partidas de ochenta y de sesenta hombres, respectivamente. Se rumoreaba que en la sierra de Pardos se iban a reunir unos ochocientos hombres.

En el número del 11 de diciembre de 1872 de La Esperanza, se publicaba una información fechada el día 7. Por orden de Madrazo habían salido de Calatayud dos grupos de carlistas, uno compuesto por dieciséis y otro por veinte hombres. Se habían dirigido a Paracuellos de la Ribera, donde se les unieron seis o siete vecinos del pueblo. Todos juntos se apoderaron del jefe, de los empleados y de los obreros de la estación del ferrocarril, a los que mandaron desenclavar algunos raíles del puente de la Presa. Allí esperaron la llegada del tren para detenerlo, dirigiendo la máquina a todo vapor hacia el puente de la Presa, quedando descarrilada y colgada del puente. El puente de la Presa medía ochenta metros de longitud, de los que resultaron dañados más de cuarenta, y alcanzaba cuarenta y cinco metros de altura.

Los carlistas hicieron prisioneros a un coronel, dos oficiales y dos Guardias Civiles que viajaban en el tren y se llevaron consigo hasta Maluenda, donde los pusieron en libertad. El periódico informaba que de Saviñán y de Paracuellos, de donde se habían llevado cuatro mil quinientos reales, se les habían unido varios hombres.

En La Época del 27 de agosto de 1874, se publicaba que el alcalde de Morata de Jalón había apresado a cuatro carlistas, de los muchos que vagaban por la ribera con la intención de cortar la vía férrea, presentándolos al comandante militar de aquella villa. Entre ellos se encontraba el célebre Sanzón, jefe de la partida que había destrozado el 4 de diciembre de 1872 el puente de la Presa, situado entre Paracuellos y Calatayud, descarrilando una locomotora. Sanzón había caído prisionero en una acción en Villalengua, aunque después había sido canjeado.

El 10 de julio de 1874 La Época publicaba que entre la estación de Paracuellos y Calatayud, los carlistas habían dado la voz de alto a un tren, pidiendo el dinero y el correo, realizando una descarga de disparos, que había herido en el pecho al guardafreno del tren, Ramón Ruiz García. Al no obedecer la orden el conductor ni el administrador ambulante, los carlistas dispararon diez o doce veces más. El tren se detuvo y los facciosos amenazaron de muerte a los viajeros que se movieran del asiento o asomaran la cabeza por las ventanas de los carruajes. Hora y media pasaron los viajeros en esta angustiosa espera, sin que oyesen ningún ruido. Cansados de esperar, un viajero, el conductor y el administrador salieron del vagón y comprobaron que los carlistas se habían marchado, sin apoderarse del correo ni de los efectos que llevaba el tren. Como pensaban que la vía pudiera estar cortada, como aseguraban algunos campesinos, el tren regresó a la estación de Paracuellos, donde fue curado el herido.

En Aragón se levantaron numerosas partidas guerrilleras. Destacaron la de Higinio Rodríguez y Francisco Herrero, alias el cura de Bañón, con ciento cincuenta hombres en Paracuellos de Jiloca, y la del teniente coronel Andrés Madrazo con cincuenta carlistas en Monterde, aunque la gran figura carlista aparecerá en 1873, cuando el general Marco de Bello fue nombrado comandante general de Aragón. Marco de Bello creó cuatro batallones, la compañía de Guías del Pilar y dos escuadrones de caballería. Estableció una academia de cadetes y un taller de cartuchos.

El 14 de junio de 1885, La Dinastía de Barcelona se hacía eco de una noticia aparecida en El Áncora de Palma de Mallorca, en la que decía que el 29 de mayo pasado había sido robada la iglesia de Saviñán. Los ladrones habían robado varios objetos de culto y la reliquia de la Vera Cruz, provocando la indignación del vecindario.

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