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Petisme, entre la cal y la arena


Petisme publica libro y el disco
'El ministerio de la felicidad' (Foto:Toño Embid)

DANIEL IZQUIERDO | De todos los intentos que el ser humano ha hecho (pongamos desde Platón) de apresar el gas azul de la poesía, ninguno me impacta tanto como el que hiciera Rabidranath Tagore: "La poesía -escribió- es el eco de la melodía del universo en el corazón de los hombres". Tagore no pudo leer 'El lujo de la tristeza' de Ángel Petisme, pero si tuviese uno que definir el poemario bien podría decir, sin desmerecer al autor de 'Gitanjali' que Ángel ha construido, exactamente eso: una puerta de entrada a la melodía del universo en el corazón de los hombres; una puerta (eso lo hace doblemente atractivo) al eco de lo humano en el corazón del universo y lo ha hecho, sin desatender los latidos de su mundo poético: el mundo que viene aleteando desde 'Cosmética y terror', 'Constelaciones al abrir la nevera', 'La noche 351' e incluso 'Fast food for freaks'.

Siete años de escritura

Un ecosistema lírico que apela, no puede ser de otra manera, al pericardio del lector, lo cartografía y desbroza. 'El lujo de la tristeza' (Olifante. Ediciones de poesía, 2014), permítaseme el juego fácil de palabras, es ante todo eso: un lujo tras siete años de intensa escritura. Un artefacto poético dividido en tres partes: 'Cortafuegos', 'Casa del duelo', 'Un verano invencible' que barrena los sentidos, la conciencia vital y esa sílfide narcotizada por lo real que llamamos "razón".

Recuerdo haberle leído al profesor Bollnow que la poesía ocultaba cuatro peligros. A saber: 1. Entrar al servicio del poder. 2. Servir de sustituto a una vida no vivida. 3. Convertirse en objetivo de sí misma y 4. Embellecerse en exceso. Créanme. Ninguno de estos peligros se da ni por asomo en 'El lujo de la tristeza'. Al revés. Hace todo lo contrario: Pulveriza el poder, enfatiza la vida, desplaza el ombliguismo poetizador y dinamita la fatua cosmética que en ocasiones adopta lo poético.

Eso por no entrar en, a mis ojos, uno de los mayores encantos del libro: la bipolarización entre la CAL y la ARENA. No sé si recordarán aquel poema delicioso de 'Cinta transportadora (Mapa de besos)': "Besos de cierzo / como un kalashnikov que te parte la cara, abrazando a una mujer de niebla". A eso me refiero. Maneja como nadie el veneno más desolador y el caviar más refinado. 'El lujo de la tristeza' está lleno de poemas así. Poemas quijote en el más puro y abusivo de los sentidos. Porque la cal y la arena, en constante carrera de relevos interna, alternan su presencia hasta acabar siendo una (como Quijote y Sancho) en la llanura inabarcable del alma del lector. ¿Quieren un ejemplo? 'Fortalezas y debilidades': "El tiempo es un bálsamo increíble (arena)", "El cuarto de los juguetes tiene luz de sudario (cal)"; 'Sala de urgencias': "Si pudiera volver a encender las palabras… (arena)", "esta mañana para siempre de invierno (cal)". Por no hablar de aspectos más pequeños: el uso preciso y exacto que hace de las metáforas llevando las palabras hasta su última contorsión: "Mientras tiro de la anilla de una lata de Voll Damm" (granada hedónica de cebada), "Metástasis de luz", llevando al lector hasta el último latido de la percepción.

El músico, el poeta

El que separa al genio, en palabras de Jorge Wagensberg, del hombre cotidiano. Porque sí, de lo extraordinario se asombra todo el mundo, de lo cotidiano solo el genio. Ángel Petisme, lo viene demostrando a lo largo de toda su obra, demuestra una vez más por qué es el músico que es pero, sobre todas las cosas, por qué es poeta. Por su facilidad para maravillarse ante lo cotidiano y hacer de esa su admiración, un mirador altruista al servicio de quien quiera, desde él, mirar al mundo, ampliar su visión y ampliarse.

Qué libro nos ha regalado Petisme. Con qué destreza detecta, disecciona y desbroza, la jungla de la cotidianidad. Con qué habilidad nos lleva a la línea crepuscular exacta entre el día cumplido y la noche promisoria.

Hagan la prueba. Abran el libro, tomen en sus ojos un poema al azar y verán que al tiempo el tiempo dejará de existir y ustedes, siendo los mismos, serán otros diferentes. Y el eco de la melodía del universo resonará en sus corazones. Y será azul. El color que le ha dado al lujo de la tristeza. El color de la libertad.

Heraldo de Aragón (9-12-2014)

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