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Los judíos de Calatayud, en Aragón

JORGE ROSEMBLUM | Los judíos se asentaron en Calatayud durante la época de dominación musulmana, aunque su presencia no llegó a adquirir la estructura jurídica de aljama hasta finales del siglo XI.

De hecho, la mayor parte de datos conservados son posteriores a la conquista de Calatayud en 1120 por el rey cristiano Alfonso I el Batallador. Durante los siglos posteriores los monarcas aragoneses trataron de atraer repobladores a dichas localidades, bien cristianos o judíos, para tratar de consolidar los territorios conquistados.

De ahí que el fuero se mostrase muy respetuoso con la comunidad judía, permitiéndoles seguir habitando en el mismo barrio, situado en la parte alta y fortificada de la ciudad, en torno al castillo de Don Álvaro o Doña Martina, también conocido como castillo de la Judería.

El barrio poseía una vía de acceso principal que arrancaba, posiblemente a través de un arco de medio punto, desde la plaza de San Andrés, y ascendía por la cuesta de Santa Ana.

Además, el hecho de que la judería se encontrase aislada por tramos de muralla y la propia orografía, obligó a sus habitantes a practicar diversas puertas, de las cuales se han identificado cuatro, incluyendo la ya mencionada entrada principal.

En el noreste se sitúa el "Postigo de la Torremocha", cuya fábrica se remonta al reinado de Jaime I. En el sur existía otro postigo aunque no se conoce su enclave exacto, mientras que al oeste se situaba la puerta de la Plana que debían atravesar los cortejos fúnebres camino del cementerio.

La red viaria presenta un trazado angosto y sinuoso, típico de las juderías. De las calles principales (existentes hasta hoy día con nombres como Torremocha, Cuesta de Santa Ana, etc.), arrancan otras secundarias por las que se accede a callejones sin salida que su introducen en las manzanas sirviendo de acceso a las viviendas a través de un "patio de vecindad".

Las viviendas no eran muy espaciosas, existiendo diferencias muy marcadas entre las familias acomodados y las más humildes, que tenían que contentarse con habitar en una estancia en régimen de alquiler.

Los materiales empleados para la construcción son el yeso, la madera, las cañas, adobes y ladrillo, reservándose la piedra para zócalos y cantoneras de la alta burguesía, por su alto precio, así como para los basamentos de la sinagoga mayor.

Se ha sugerido que existieron hasta la existencia de siete sinagogas, algunas grandes y otras pequeñas salas que apenas daban cobijo a una decena de orantes (minyán). Pero tres de ellas fueron importantes: las conocidas como mayor, menor y patrocinada por Juce Abencabra. Todas ellas fueran reconstruidas o reformadas a finales del siglo XIII.

En la sinagoga mayor se llevaban a cabo las reuniones de la aljama y también funcionaba como centro de estudios religiosos. Dicho edificio fue convertido tras la Expulsión en la iglesia de Santa Catalina de Sena, en la actualidad conocida como Ermita de la Consolación.

Hace unos años se realizó una impecable restauración de la fachada en piedra sillar, con sus dos puertas de acceso de arcos apuntados.

La sinagoga menor, por su parte, se ubicaba en el muro sur de la judería, pero sufrió un gran deterioro en la Guerra de los Dos Pedros (entre 1357 y 1369), quedando prácticamente derruida.

Por ello, al igual que en el caso anterior, a mediados del siglo XIV se solicitó, a iniciativa del poderoso gremio de los tejedores y su cofradía, una licencia para su reconstrucción.

Se edificó un nuevo templo, inferior a los 80 metros cuadrados, en el barranco del rey, junto al montículo de la Peña, en un solar con bodega.

El templo, además del sótano ya existente, contaba con dos plantas: la primera era la sala de oración y la segunda sirvió de vivienda.

Los rabinos adscritos a la sinagoga además poseían una casa, adosada al templo, dividida en diferentes estancias que a veces alquilaban.

Se trata de una sala rectangular de pequeñas dimensiones, cubierta con bóveda de cañón apuntado reforzado por cinco arcos fajones. En tiempos fue utilizada como almacén de curtidores de zapatos. En estos momentos se encuentra dentro de las sede del grupo de Scout de Calatayud.

La judería constaba además con sus instalaciones públicas, como centros de atención hospitalaria, hornos, carnicería, etc. En cuanto a la actividad económica, en el ámbito de la judería en Calatayud destaca la artesanía textil y de la piel como principales ocupaciones de los judíos, quedando en segundo plano la agricultura y la ganadería.

En el sector servicios es muy eminente la práctica de la medicina hasta el punto de que la sanidad de la ciudad se encontraba en buena parte en sus manos.

En 1492 sólo una cuarta o quinta parte de la población judía de Calatayud opta por abandonar su tierra, lo que supone que la mayoría prefirió la conversación forzosa, constituyendo un caldo de cultivo ideal para el criptojudaismo, la práctica secreta de rituales judíos, que sería perseguida y mortalmente castigada por el Tribunal de la Inquisición.

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