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Enrique Carnicer Gumiel


Enrique Carnicer Gumiel

FRANCISCO TOBAJAS GALLEGO | Enrique Carnicer nació en Saviñán el 7 de enero de 1888, en la casa familiar situada en la calle Mayor, contigua a la de la familia Campos, siendo bautizado al día siguiente. Era hijo de Elías Carnicer Jiménez (1852) y de Lucía Gumiel Cimorra, que habían casado en Saviñán en 1883. Entonces Elías era confitero y vecino de Calatayud, de la parroquia de San Juan. Enrique Carnicer falleció en Calatayud el 12 de enero de 1964. El Centro de Estudios Bilbilitanos, en el pleno celebrado el 15 de enero de 1964, en sesión de urgencia, convocado por su presidente de honor, Gil Bernardet, acordó celebrar una sesión necrológica el 7 de febrero, como reconocimiento y homenaje al que había sido hasta entonces su presidente. Enrique Carnicer había sido uno de los fundadores del Centro de Estudios Bilbilitanos en 1954 y poco después su presidente. En esta velada participaron José Galindo Antón, el padre claretiano Ernesto Barea y Alfredo Muñoz Gutiérrez. La familia Carnicer de Calatayud conserva los discursos de José Galindo y del P. Barea. Alfredo Muñoz no debió conservar el suyo.

El P. Barea glosó sobre la "Vida sacerdotal de D. Enrique Carnicer Gumiel". En él señalaba que Enrique había ingresado en el Seminario de Tarazona en el curso 1903-1904, a los 15 años. Fue ordenado sacerdote el 25 de marzo de 1912, residiendo por algún tiempo en Saviñán. Tras una corta estancia en Ateca, como coadjutor, fue nombrado beneficiado de San Juan el Real en 1917 y tres años más tarde de la colegiata de Santa María de Calatayud. Enrique Carnicer estudió también Teología en la Universidad Pontificia de Zaragoza. En 1928 ganó por oposición el empleo de canónigo magistral de la colegiata de Santa María de Calatayud. Enrique era muy devoto de la Virgen del Carmen, a quien visitaba todas las tardes en su capilla de la colegiata del Sepulcro, y de la Virgen de la Peña.

A. Raimundo Sierra, en su libro A los pies de mi Patrona. Historia de la imagen de Nuestra Señora de la Peña y avatares de su santuario, relata la historia de este santuario y el incendio intencionado, con sus terribles consecuencias, que tuvo lugar en 1933. En la madrugada del 9 de diciembre de 1933, Enrique Carnicer fue avisado por sus hermanas, que habían oído comentarios por la Rúa de que Santa María estaba ardiendo. Enrique acudió con su familia a toda prisa a apagar el fuego de la puerta falsa de Santa María. Luego se encerraron con varios vecinos más en la colegiata para defenderla. Desde allí oyeron los lamentos de un trabajador que se dirigía al relevo de la Azucarera, que había visto fuego en el santuario de la Virgen de la Peña. Enrique y el abad de Santa María se dirigieron al santuario por las escalerillas, con las luces apagadas y bajo la lluvia. Mientras tocaba la campana, Enrique Carnicer pedía auxilio, pero sólo acudieron unos pocos vecinos, que con toda la familia Carnicer, subían agua desde el Barranco de las Pozas, "con peligro de su vida y amenazas de los revolucionarios". Pero no hubo remedio. De la talla románica de la Virgen sólo quedó un trozo de carbón, que recogió Enrique, con las formas carbonizadas.

Tras el incendio del santuario, la Junta de la Esclavitud de la Virgen de la Peña, acordó abrir una suscripción popular. Francisco Iñíguez, arquitecto general de Monumentos y emparentado con la familia Farrer, orientó a la Junta sobre lo más conveniente para su restauración. La albañilería corrió a cargo de Elías Badesa, el nuevo retablo fue obra de Casa Font de Madrid, Quintana de Zaragoza se encargó de las vidrieras, Rubio Vergara de las pinturas y Salvador Minguijón del mosaico del altar mayor. El 14 de enero de 1934 se encargó la nueva imagen de la Virgen a los hermanos Albareda, con la condición de que se hiciera bajo la dirección del arqueólogo y académico de la Historia, José Mª López Landa, que debía ser lo más parecida a la antigua imagen. La nueva imagen se trasladó desde Santa María el 9 de diciembre de 1934, aniversario del incendio. El Ayuntamiento como Corporación no acudió a este traslado. Enrique Carnicer rezó el rosario y el arzobispo Gomá ofició la misa.

El 7 de enero de 1934, con motivo de la Fiesta de Desagravios a la Virgen de la Peña, se celebró una misa oficiada por el abad, a la que asistieron los Cabildos y las Capillas de Música de Santa María y del Santo Sepulcro, el arzobispo Gomá, la Junta de Esclavitud, varios concejales del Ayuntamiento y diputados provinciales. Aunque el arzobispo Gomá presidió la Eucaristía, el sermón, impreso por Gráficas Navarro, corrió a cargo de Enrique Carnicer.

En el nº 1, octubre de 1950, de la revista Todo por María, editada en Lérida, se daba noticia del certamen que había celebrado la Pontificia y Real Academia Bibliográfico Mariana, que había sido dedicado a la advocación de la Virgen de la Peña de Calatayud. Por eso, muchos de los temas del concurso hacían referencia a esta imagen y a Calatayud. El mantenedor de este certamen fue Enrique Carnicer, canónigo magistral de Santa María y Presidente de la Esclavitud de la Virgen de la Peña.

José Galindo trató en su discurso sobre "El bilbilitanismo de D. Enrique Carnicer Gumiel". Galindo definió a Enrique con tres palabras: Era hombre, sacerdote y bilbilitano, pues había dado pruebas de cariño a la ciudad, "de participar directamente de sus horas agradables y desagradables" y de "sentirse bilbilitano ejemplar". Por deseo de su madre, había nacido en Saviñán, pero a los ocho días ya estaba viviendo en Calatayud, en la casa paterna de la Rúa. A la colegiata de Santa María "consagrará su vida". Hasta sus últimos momentos había participado en la vida activa de la ciudad, estando siempre "dispuesto a prestar ayuda". De sus amigos siempre había logrado atenciones para el bien común de la ciudad. Galindo señalaba: "Si en algún momento el espíritu cívico bilbilitano fue capaz de reaccionar, allí estaba nuestro hombre dispuesto a dar orientaciones, a marcar el rumbo preciso, cosa que siempre lograba, pues el respeto que amigos y extraños le profesaban, hacía que sólo su presencia sirviese para encauzar las situaciones delicadas". En los momentos tristes prodigaba consuelo. "En esta tarea ponía todo su corazón, por ello lograba el fin que se proponía". Por su sincero y profundo cristianismo y porque deseaba la paz entre sus vecinos, en las situaciones difíciles, "que a él mismo le habían puesto en peligro, supo ser bálsamo y no fermento". Y continuaba: "Hasta donde pudo, impuso ponderación. Dio consuelo de la Religión a quienes perdían familiares y fue luz para quienes estuviesen en el error". Como orador sagrado, como sacerdote y como hombre cabal, Enrique había hecho estandarte y gala de su bilbilitanismo. Por este afecto que tenía a lo local, había tomado a su cargo la presidencia del Centro de Estudios Bilbilitanos. "Comprendió que con el trabajo colectivo de los intelectuales, podían obtenerse beneficios para la ciudad". Entusiasta de la historia de su patria, estudió numerosos documentos y le sedujo la figura del venerable Ruzzola. Con ello, Enrique colmaría dos de sus aspiraciones: "acercar a Dios las almas de los bilbilitanos, y hacer justicia con una figura nacida en esta encrucijada de caminos".

Galindo acompañó a Enrique Carnicer en la procesión que tuvo lugar en Zaragoza el 12 de octubre de 1954, durante el Congreso Mariano Nacional, celebrado con motivo del Año Santo Mariano. En una fotografía que conservaba, Enrique llevaba con el "mayor amor" la talla de la Virgen de la Peña, para ser entronizada en la carroza. Los papeles habían cambiado y entonces era "Ella quien lo ha conducido cerca del trono del Señor". El féretro con los restos de Enrique Carnicer fue llevado a hombros, no hasta la altura de la colegiata del Sepulcro, como era costumbre, sino hasta el mismo cementerio bilbilitano, a hombros de sus vecinos y amigos. A título póstumo, el Ayuntamiento de Calatayud lo nombró Hijo Adoptivo en 1965.

En el número de abril de 1965 de Jalón, revista del Instituto de Segunda Enseñanza de Calatayud, José Galindo publicó un artículo dedicado a Enrique Carnicer. En él señalaba que a los jóvenes les había dedicado una preferente atención en su apostolado. Enrique nunca faltaba donde pudiera dar "consuelo, prestar una ayuda o ser útil". Todo el tiempo que disponía lo dedicaba al confesionario "con largas filas de penitentes" o a la predicación. Ambas "tenían el necesario complemento del estudio". Sus herederos repartieron su importante biblioteca entre los padres Claretianos y las Dominicas de Calatayud. Galindo escribía: "A Calatayud la quiso con todo su gran corazón de hombre".

Toda la familia Carnicer vivía en los tres pisos del portal nº 2 de la calle Dicenta. En el primer piso vivía Elías con sus hijos, en el segundo Enrique con sus hermanas solteras y en el tercero Roque, casado con Leonor Múgica en 1914, con su familia. Roque Carnicer Gumiel había nacido en Saviñán en 1884, Agustina en 1886 y Virgilia en 1889. Elías debió nacer ya en Calatayud hacia 1890. Todos los días a eso de las nueve de la noche, toda la familia Carnicer se congregaba alrededor del tío Enrique, que les comentaba lo que había sucedido aquel día en Calatayud.

Quiero agradecer a José Luis Carnicer todas estas noticias sobre su tío Enrique, que han servido para este artículo y para una comunicación presentada en el IX Encuentro de Estudios Bilbilitanos sobre la familia Carnicer de Saviñán.

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