La Comarca de Calatayud
Archivo Bibliográfico - Enciclopedia - Directorio de Empresas - Páginas de Calatayud - Noticias - Tienda - Tablón de Anuncios

Inicio/ Foro de debate

Usuario Mensaje
bean
E-mail: Sin E-mail Enviado el: 10/02/2007 10:06:51
Y LO QUE NOS QUEDA POR LUCHAR [Responder]

EL PERIÓDICO (10/02/2007)

El pasado martes 6 de febrero se celebró el Día Mundial de Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina. Dos millones de niñas la sufren cada año y entre 100 y 130 millones de mujeres han pasado por este suplicio. Éstos son algunos de los datos recogidos en el informe de Save the Children sobre esta tradición que se practica en 28 países de África.

La edad para sufrir la mutilación genital femenina varía desde unos pocos días de vida a los 20 años, aunque en la mayoría de los casos suele efectuarse a niñas de entre 12 y 14 años. Hay cuatro tipos diferentes de mutilación, desde la circuncisión (la menos grave), pasando por la excisión e infibulación hasta la más grave, consistente en la eliminación completa de los genitales femeninos externos y que puede incluir el uso de sustancias corrosivas.

La mutilación genital femenina se basa en tradiciones profundas o creencias religiosas y culturales: hace que las chicas se mantengan vírgenes hasta su matrimonio, evita comportamientos inmorales, previene muertes prenatales o se considera una imposición religiosa. LA RAZÓN REAL ES EL CONTROL DE LA SEXUALIDAD DE JÓVENES Y MUJERES.

Generalmente, se realiza sin condiciones higiénicas ni anestesia. Puede tener importantes consecuencias físicas inmediatas (hemorragias, infecciones o tétanos) y permanentes (dificultades a la hora de orinar, infecciones crónicas, infertilidad, fuertes dolores durante las relaciones sexuales, el embarazo y el parto).

Mariam es una niña de 16 años de Malí y sufrió la mutilación cuando sólo tenia 10: "Tenía muchas ganas de que me lo hicieran porque significaba que iba a ser una mujer. Cuando llegó el momento una vecina sujetó mis piernas y otra mis brazos. Me dijeron No llores, es el honor de tu familia. Sentí un dolor intenso, vi mucha sangre y perdí el conocimiento. Estuve enferma durante más de 40 días. Nunca lo olvidaré. Ahora tengo una hija y siempre lucharé por sus derechos y no dejaré que nunca sea mutilada".

Gracias a las campañas de sensibilización y mediación realizadas por todo el mundo, los Burkina Faso, Senegal, Costa de Marfil, Ghana, Yibuti o Guinea la han prohibido. Algunos países de Europa han adoptado leyes específicas contra esta mutilación. En España, el Código Penal la considera un delito. Pero estas leyes no son suficientes porque las personas viajan para realizar esta operación, a países donde todavía no está prohibida. Save the Children trabaja en África Occidental junto con oenegés locales para sensibilizar a la población sobre esta tan perjudicial tradición y sus graves consecuencias.
bean
E-mail: Sin E-mail Enviado el: 10/02/2007 10:23:22
Y LO QUE NOS QUEDA POR LUCHAR (2ª PARTE [Responder]

JAVIER ARIBAU (10/02/2007)(Periódico de Aragón)

El derecho a la igualdad y el de acceso a la plena ciudadanía por parte de todas las personas es el principio en torno al cual se articulan todas las leyes, fundamentales y subsidiarias, en las sociedades democráticas.

Este derecho a la igualdad y a la no discriminación por razón de raza, sexo, religión, creencia o cualquier otra particularidad resulta tan básico que, en general, produce gran rechazo en cualquier persona de nuestra sociedad la idea de que se ampare medida alguna que fomente la desigualdad, pues se percibe este tipo de actuaciones como distintivas de grupos que toleran el uso arbitrario del poder.

Desde la psicología social se ha estudiado el cambio de las actitudes en las sociedades occidentales en los últimos sesenta años, en los cuales han caído los últimos reductos de la discriminación "legal" que existían, referidos sobre todo a la diferencia en el acceso a recursos y medios en función de la raza, cultura o procedencia.

Hoy día son pocas las personas que manifiestan claramente sus prejuicios y que son capaces de apoyar de forma abierta medidas que perjudiquen a minorías sin que ello les devuelva una mala imagen de sí mismas. La mayoría de la población se percibe a sí misma como poseedora de valores de igualdad. Y esto es así ante situaciones claramente discriminatorias. Sin embargo, en aquellas otras que son también perjudiciales, pero en las cuales no se ha sensibilizado a las personas y en las que la norma no está tan clara, la consciencia de falta de equidad se diluye, pasando las conductas negativas y poco deseables desapercibidas.

Uno de los grupos más afectados por esta discriminación en las sociedades occidentales son las mujeres. Y esto es así por el hecho mismo de no ser las mujeres una minoría, sino la mitad o más de la población. La discriminación a la que se ven sometidas las mujeres en todos los ámbitos de la vida, en todos los estamentos de la escala social, hace que se pierda de vista la magnitud real del problema. La disección que hacemos de las mujeres en diferentes grupos más o menos homogéneos atenúa la percepción que tenemos de la situación en su conjunto.

Un ejemplo de discriminación implícita y no percibida como tal es la no paridad en la composición de los gobiernos, instituciones legislativas y judiciales, direcciones de agentes sociales, mesas sindicales, instituciones educativas, cuerpos de seguridad del estado y, en general, de toda organización pública.

En general, se argumenta sobre este punto que el acceso a estos cargos ha de estar supeditado a una demostración de la capacidad de quienes aspiren a ocuparlos. ¿Tan eficaces son los políticos hombres? ¿Realmente están los hombres más preparados que las mujeres para cargos políticos? Cuando una mujer se equivoca ¿las consecuencias son peores que cuando lo hace un hombre?

Existen mujeres sobradamente preparadas para acceder en paridad, cuantitativa y cualitativa, con los hombres a todos estos puestos. En general se percibe como absurdo que se pretenda legislar para que esto sea la norma. Sin embargo no se trata de un sinsentido: la no paridad hace que ciertas cuestiones de gran importancia sean vistas como secundarias, al ser importantes sobre todo para las mujeres, que están subrepresentadas en los órganos de poder. Es fácil que estas cuestiones se conviertan en objetos de transacción para llegar a acuerdos, con lo cual pierden el valor de meta real para quienes tienen el poder.

Por otra parte, las instituciones del estado proveen el ejemplo de como han de ser las cosas ajustándose a legalidad, con lo cual, si este principio no se respeta en lo público, aún menos se hará en entidades y organizaciones privadas.

La discriminación es también fácilmente perceptible en el ámbito del trabajo. La concepción de ciertas profesiones desde modelos masculinos y el no replanteamiento técnico de éstas en aras de una mayor igualdad en el acceso de ambos sexos dejaba fuera, y sigue haciéndolo, a muchas mujeres. Por ejemplo, ciertos profesionales esgrimen la menor fortaleza de las mujeres como dato objetivo para su exclusión de algunas ocupaciones. Sin embargo, sí se les permite acceder a otras, con grandes exigencias físicas, pero peor retribuidas, como sería la de Cuidadora Geriátrica.

En niveles más altos, encontramos los famosos "Techos de Cristal". Apoyadas en procesos de selección poco transparentes, con criterios sin definir y que demuestran un uso arbitrario del poder, algunas organizaciones dejan a las mujeres fuera de las áreas de poder, fijando un tope no definido explícitamente pero fácilmente perceptible para éstas.

Pesa también sobre las mujeres el papel de cuidadoras que hace que, visto desde lo laboral, el proyecto familiar fuera algo particular de éstas, debiendo asumir en solitario todo el coste del mismo. Ellas mismas lo verbalizan cuando afirman que "no me sale a cuenta trabajar porque se me va todo el sueldo en guardería", cuando el cuidado de los hijos e hijas es algo que compete a ambos miembros de la pareja. En la misma línea se constata que las medidas de conciliación de vida laboral y familiar, inciden de forma habitual sobre las mujeres.

Éstos son tan solo unos ejemplos de como la mitad de la población, que no un colectivo, padece los efectos de la discriminación. Es labor de todas las personas hacer visibles estas formas de trato diferencial y ponerles el nombre que les corresponde: discriminación. Porque, como dice el refrán: "Lo que no se nombra, no existe".

Altas/ModificacionesContactoInformación
© Calatayud.org 1999-2016