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 BÍLBILIS. Municipium Augusta Bilbilis


Reconstrucción ideal de Bílbilis

Oídme, compatriotas de Bílbilis Augusta.
cuya áspera colina con rápida corriente
el Jalón ciñe: ¿No llena vuestro orgullo
la fama alegre de este paisano que es poeta?

¡Yo soy para vosotros honor, prestigio y gloria!
No debe más Verona, su patria al gran Catulo,
ni menos a ella misma le hubiere apetecido
que yo nativo fuera de allí, para ser suyo


(Marcial, Epigramas, X, 103)

 
 Valgan estos epigramas del poeta bilbilitano Marcial así como otras referencias suya a Bílbilis (altam Bilbilim, pendula quod patriae visere tecta libetÖ, entre otras menciones a la fama de sus armas y caballos, sus ferrerías, así como a su riqueza en oro y hierro) para imaginar como pudo ser el urbanismo de la ciudad. Viviendas trepando escalonadamente por las laderas de los tres cerros por los que se extendía (Santa Bárbara, San Peterno y Bámbola) unidas mediante empinadas calle, rampas y escaleras. En época de Augusto, mediante unas costosas y complejas obras de adaptación al terreno, la ciudad se estructuró al modo romano, convirtiéndose en el centro político, administrativo, económico y social de la región lo que le permitió ostentar el título de Municipium Romano.

Para desarrollar estas funciones la ciudad se dotó de un complejo foral formado por plaza porticada, templo, basílica y curia, constituyendo junto al teatro un mismo conjunto al que se accedía mediante una serie de pasillos, escaleras y estancias de paso o descanso. También se construyeron varias termas, una excavada en su totalidad, ninfeos y una compleja red hidráulica a base de cisternas adaptadas a las curvas de nivel del terreno que le aseguraban un permanente abastecimiento de agua, apreciándose un urbanismo privado de nueva planta, como en el caso de la casa de la Fortuna, o en la casa de los signina.

Las excavaciones iniciadas en 1971 han ido desenterrando estos edificios lentamente, sin pausa, con el rigor que exige la Arqueología, consolidándose alguno de ellos, como el caso del foro y las termas, mientras otros, como sucede con el teatro y varias viviendas, están en proceso.

Desde antiguo las ruinas de la ciudad atrajeron la atención de viajeros y eruditos tanto por la mención que de ella hicieron autores clásicos (Estrabón, Plinio, Tolomeo, Ausonio, Justino o San Isidoro), como por los edificios que todavía se mantenían en pie, lo que llevó a que Bílbilis se convirtiese durante la Edad Media y Moderna en una cantera inagotable de materiales de construcción.

La ubicación exacta de la ciudad, nunca se perdió del todo, de ahí que ya en el siglo XVIII se conozca la existencia de una colección arqueológica formada por los jesuitas desaparecida en 1767 tras la disolución y expulsión de la Orden. Más tarde, a inicios del siglo XX, Carlos Ram de Viu, Conde de Samitier, crea una nueva colección, desmembrada tras su muerte, encontrándose una parte de ella entre los fondos del Museo de Calatayud. En 1917 Narciso Sentenach y entre 1933 y 1934 Adolfo Schulten realizan excavaciones y exploraciones que afectaron principalmente al foro, para de ellas nos son desconocidas.

Finalmente, los trabajos desarrollados de forma prácticamente ininterrumpida desde 1971 han ido devolviéndonos día a día sus edificios, mosaicos y pintura murales, cerámicas, vidrios, monedas y un largo conjunto de materiales de los que una parte se exhiben en el Museo, lo que nos permite aproximarnos un poco más al esplendor de lo que fue el Municipium Augusta Bílbilis (Manuel Martín-Bueno / J. Carlos Sáenz-Preciado)


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