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Título:
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Benjamín... una vida para una ilusión |
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Autor:
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Benjamín Cebolla Hernando |
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Rústica, 461 p.
Publicación: 1993
Dimensiones: 15 x 21 cm.
DL: Z-1794/93
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Precio / Price: 10,82 €
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Gastos de envío
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Ref: BCH-1
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Religión
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Introducción:
Dicen que en la grafología puede reflejarse el carácter de una persona. Y es posible que sea cierto que la mano guiando la pluma transparente los rasgos definitorios de una personalidad. De lo que no cabe la menor duda es de que lo que se escribe, prescindiendo de los rasgos, sí define al escritor.
Parece lógico que buceando en los escritos pueda decirse, sin temor a equivocarse, como es la persona que escribe, cuales son sus ideales, que finalidad pretende y como concibe la vida. Los escritos son como hijos que van dejando en el camino retazos de la vida de quien los ha alumbrado; en ellos se grita o se susurra, se ríe o se llora, se ama, se advierte, se descubre el mundo interior que el autor esconde celosamente. Por eso, si queremos conocer a una persona y ésta escribe, nada tan seguro para logarlo como leer pausadamente sus escritos.
Para que conozcamos a Benjamín, sin frases laudatorias o entusiasmos líricos nacidos quizá del momento emocionante y asombroso de su muerte, nada mejor que editar y leer sus escritos, esos que van más allá del corto tiempo que él vivió y que nos van perfilando la existencia de un sacerdote enamorado de su vocación, inquiento por los problemas del mundo, problemas que captaba perfectamente desde el pequeño pueblo aragonés en el que eligió vivir sin añorar situaciones que pudieran parecer más acordes con sus espléndidas cualidades humanas.
Los escritos de Benjamín son los escritos de un hombre que hizo de su celibato una ofrenda de amor que floreció en obras, dando un mentís a quienes aseguran que el celibato solo puede producir aridez; son los escritos de un hombre en cuyo corazón encontraron eco el dolor y la alegría de sus hermanos a los que quiere decirles una palabra de esperanza, porque estaba seguro de que aún cuando a veces no parezca cierto ni posible, caminamos hacia la luz y la felicidad. Son también los escritos de un poeta porque Benjamín lo era y precisamente por serlo supo descubrir desde la belleza del Moncayo, de sus nieves y sus soberbias crestas, el encanto que hay en los sencillos, en la gente del pueblo que lo consideraba suyo y en las miradas de los niños que lo llamaban con toda la razón padre. (Ana María Cortés)
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