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| Javier Rodrigo regresa al campo de los vencidos de la guerra
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20.000 prisioneros republicanos trabajaron, enfermaron o murieron en el Valle de los Caídos (Foto: Archivo / El Periódico de Aragón)
PAUL PRESTON | La violencia franquista contra los vencidos no se limitó a la prisión, la tortura y la ejecución: se extendió a la humillación psicológica y la explotación económica de los supervivientes. La retórica de Francisco Franco sobre la necesidad de que los vencidos trataran de encontrar la redención a través del sacrificio estableció una conexión clara entre la represión y la acumulación de capital que posibilitaría el boom económico de los años 60. La destrucción de los sindicatos y la represión de la clase trabajadora aseguraron salarios de hambre que permitieron que bancos, industrias y terratenientes registraran aumentos espectaculares de beneficios. Pocas dudas pueden plantearse sobre si fue una política deliberadamente aprobada por Franco. Por lo que respecta al tratamiento de los prisioneros republicanos, esto es algo absolutamente obvio.
Javier Rodrigo plantea en Cautivos. Campos de concentración en la España franquista (1936-1947) una cuestión increíblemente difícil, debido a la dificultad de comporta establecer una definición aceptable de campo de concentración. Las tropas rebeldes y el régimen de Franco usaron el término de manera confusa y caótica al referirse a los centros de detención habilitados en iglesias, escuelas, conventos, barracones y otras edificaciones que solían estar desparramadas por una gran área, como en el caso de los campos de Laredo, Santoña y Burgo de Osma. Pero, al margen de la naturaleza de los campos, pronto se empezó a usar a los prisioneros, contraviniendo las resoluciones de la Convención de Ginebra sobre el trabajo de construcción en la primera línea.
Cautivos presenta una interpretación original del fenómeno de los campos y prisiones donde se agrupó a los reos de guerra republicanos. También analiza la forma en que los prisioneros fueron usados como mano de obra forzada en batallones aunque no hubieran sido condenados. Rodrigo ha sido el primero que ha hecho un uso exhaustivo de los archivos militares de Avila y Guadalajara para buscar cifras de la población de los campos, número de defunciones y hospitalizaciones por enfermedad, palizas o torturas, además del Archivo del Ministerio de Asuntos Exteriores para el material sobre los extranjeros internos en los campos y el Archivo General de la Administración para el sistema de trabajos forzados del Servicio de Regiones Devastadas. Este material está matizado por las entrevistas y los recuerdos de los antiguos prisioneros.
Uno de los logros del libro es la forma en que clarifica el proceso por el que, debido a las sucesivas victorias militares, el incipiente Estado franquista se vio inundado de prisioneros y obligado a crear una maquinaria que se ocupara de ellos de manera absolutamente caótica e improvisada. A su vez, muestra que el maltrato sistemático de los prisioneros de guerra formaba parte de un proyecto ideológico más amplio para aniquilar la cultura política y moral de la España republicana, para reeducar a los prisioneros mediante el ejercicio de la violencia física y psicológica.
Tras la guerra civil, el Patronato para la Redención de Penas obligó a miles de prisioneros a trabajar como esclavos. Los destacamentos penales proveían mano de obra forzada para las minas, la construcción del ferrocarril y la reconstrucción de las denominadas regiones devastadas. Se establecieron colonias penitenciarias militarizadas para proyectos como el Canal Bajo del Guadalquivir, excavado a lo largo de 180 kilómetros y en 20 años.
El mayor símbolo de la explotación de los prisioneros republicanos fue un capricho personal de Franco: la gigantesca basílica y la imponente cruz del mausoleo del Valle de los Caídos. En su construcción trabajaron 20.000 prisioneros, y muchos de ellos murieron o cayeron gravemente heridos. Pero el Valle de los Caídos sólo fue una de las obras -las ruinas de Belchite, el Alcázar de Toledo, el arco del triunfo de la Ciudad Universitaria de Madrid- que pretendían perpetuar la victoria franquista. El coste humano de estos trabajos forzados y el sufrimiento de trabajadores y familias rivalizaron con las fortunas generadas por las compañías privadas y públicas que les explotaron.
Cautivos es una contribución sustancial al conocimiento de un aspecto hasta ahora poco difundido de la represión franquista. La obra de Rodrigo es, pues, un valioso complemento a la bibliografía sobre esta dimensión menos conocida de los crímenes de Franco.
El Periódico de Aragón (30-7-2005)
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