Iglesia de la Asunción |
La
iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción se empezó
a construir en el año 1258 por iniciativa de los monjes cistercienses
de Piedra. Se llamó entonces de Santa María, como todavía
se llama la calle adyacente. El cambio de advocación se produjo
durante el reinado de Carlos III, entre los años 1759 y 1788.
El 30 de abril del año
1548 sufrió una gran reforma y se empezó a adobar de ladrillo,
siendo abad de Piedra fray Francisco Cit. Posteriormente, en el siglo XVII
se hizo la última gran ampliación, de claro aspecto barroco.
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Su planta es rectangular,
de tres naves, la central más ancha, con coro a los pies y torre
de subida al campanario. Bajo el coro un portejado de acceso a la iglesia,
mudéjar tardío (1548), y en la cabecera conserva una sacristía
y torre que da acceso al interior de las bóvedas. Esta torre formaba
parte del antiguo castillo de Carenas, documentado en el siglo XII. Fue
desmochada hacia 1930 y todavía conserva saeteras.
El retablo mayor es barroco
pero con elementos de datación anterior, con la titular en el centro
y San Juan Bautista en una hornacina. Se conservan en ella otras obras
de arte, tales como dos tablas de pintura gótica del fines del siglo
XV, procedentes de un antiguo retablo; el retablo de la Virgen del Rosario,
del siglo XVI, al parecer obra de Jerónimo
Cosida; el retablo de la Virgen de la Leche, del XV, del círculo
del pintor J. Huguet; el retablo de San Vicente, muy deteriorado, con pinturas
de José Luzán; el retablo del Cristo, de Francisco del Plano
y su taller. La mayoría de estos retablos proceden del Monasterio
de Santa María de Piedra.
Además hay retablos
dedicados a Santo Tomás (vendido clandestinamente), San Antonio
Abad, San
Pascual, San José y el Niño y otros. Destaca un curioso
monumento, muy similar al de Fuentes de Ebro, que era utilizado en Semana
Santa.
Sobre esta iglesia aparecen
diversos documentos, algunos muy interesantes, a partir de 1258. Entre
sus vicarios destacaron con luz propia: Joseph Cortes (h. 1590), después
canónigo y que posteriormente marchó a Roma; y fray
Juan de
Molina (1576-1652), coadjutor, que fue maestro mercedario. (Joaquín
Melendo Pomareta)
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