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| ARÁNDIGA |
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Castillo roquero y muy sugerente situado en el centro de la localidad, sobre un promontorio rocoso que domina el valle del río Aranda, cerca del lugar donde deja sus aguas en el Jalón. Es una construcción de mampostería y tapial, típico en las obras musulmanas de la región, aunque parece que fue reconstruido en época mudéjar, quizá en el siglo XIV.
Su planta es muy irregular obligada por el terreno donde se asienta. Tiene una longitud máxima de unos cuarenta metros de eje y están flanqueada por dos torres rectangulares de diferente tamaño y ligeramente troncopiramidales, rematadas por almenas puntiagudas, muchas de ellas aún en pie. Una tercera torre protegía la puerta de ingreso, en arco, de las tres torres sólo una se conserva en regular estado, las otras dos presentan serios signos de ruina.
Más abajo hay vestigios de un torreón cuadrado que pudo hacer funciones de albarrana.
Las primeras noticias que se conocen de este castillo musulmán datan de 1188, después de la reconquista, en tiempos de Alfonso II el Casto, cuando el rey lo cedió a Pedro Ximénez de Huesca. En 1195 era su tenente Martín de Villel. En 1288 pertenecía a Lope Ferrench de Luna, pues en marzo de este año hizo carta de gracia por la villa y el castillo. En 1331 pertenecía a Blanca de Ayerbe, viuda de Fernán Lope de Luna; en 1358 su heredero Lope lo testó.
Fue conquistado a los aragoneses por Pedro I de Castilla en 1363, encargando de su alcaidía a Álvaro Martínez. Juan I dio el feudo a Pedro Jiménez de Osia y en 1430 estaba a su cargo Jaime de Medina, caballero leal al rebelde conde de Luna.
Este lugar integró el señorío de los Ferrench de Luna hasta la extinción de la estirpe en 1382; después pasó a los condes de Luna y en 1437 fue comprado por los Martínez de Luna, señores de Illueca y Morata. (Aurelio Cabañas Boyano)
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